El artículo destaca cómo las migraciones han configurado históricamente las sociedades mediterráneas, convirtiendo el Mediterráneo en un espacio de conexión e interacción. Critica las políticas europeas actuales que han cerrado fronteras y criminalizado la migración, a pesar de los beneficios económicos de las personas migrantes. Además, señala que el Mediterráneo ha sido siempre un espacio en movimiento, con intercambios culturales y económicos entre continentes.
