Período de ejecución: 2024
El proyecto Salud mental en los campos de refugiados palestinos del norte del Líbano: un enfoque comunitario, desarrollado a lo largo de 2024, ha sido una intervención fundamental para garantizar el derecho a la salud mental de la población refugiada palestina residente en los campos de Beddawi y Nahr Bared, en el norte del Líbano. El proyecto ha sido financiado por la Fundación “la Caixa” e implementado por la entidad socia local Beit Atfal Assumoud (National Institution of Social Care and Vocational Training – NISCVT), con la colaboración de la Fundación ACSAR, en un contexto marcado por una profunda crisis estructural y una escalada bélica que ha agravado aún más la situación de vulnerabilidad de la población refugiada.
El año 2024 ha sido especialmente complejo para el país. A la crisis económica, política y social que el Líbano arrastra desde hace años, con una fuerte depreciación de la moneda, el aumento de la pobreza y el debilitamiento de los servicios públicos, se han sumado los ataques aéreos y terrestres israelíes en territorio libanés en el marco del conflicto regional. Aunque la zona norte no ha sido la más castigada, sí ha sufrido episodios de inseguridad y ha recibido un volumen importante de personas desplazadas internas procedentes de otras zonas del país. Esta situación ha incrementado la presión sobre unos servicios ya limitados y ha agravado las necesidades psicosociales de niños, niñas y familias refugiadas que viven en los campos.
En este contexto de incertidumbre, miedo y creciente precariedad, garantizar espacios seguros y servicios especializados de apoyo en salud mental ha sido no solo pertinente, sino imprescindible. El proyecto ha contribuido a asegurar el acceso a atención psicosocial para la infancia y sus familias, reforzando la protección emocional en un entorno marcado por la exposición continuada al estrés, las experiencias traumáticas y la falta de oportunidades. Muchos niños y niñas viven en viviendas sobreocupadas, con dificultades para acceder a servicios básicos y con una fuerte inestabilidad económica que afecta directamente a su bienestar emocional. En este sentido, el proyecto ha ofrecido un apoyo esencial tanto para las familias que ya residían en los campos como para aquellas que han llegado como consecuencia de los desplazamientos internos.
Uno de los elementos centrales de la intervención ha sido el enfoque comunitario y basado en derechos humanos, situando a las personas refugiadas como titulares de derechos y no como meras receptoras de asistencia. La experiencia ha confirmado la importancia de contar con la participación activa de la población destinataria en la identificación de necesidades y en el diseño de respuestas. Más allá de los análisis técnicos externos, la retroalimentación directa de las familias y de los niños y niñas ha sido clave para ajustar las actividades a las problemáticas reales de la comunidad. Esta participación ha reforzado el sentimiento de corresponsabilidad y ha contribuido a generar dinámicas de apoyo mutuo dentro de los campos.
A pesar del contexto extremadamente adverso, el proyecto ha alcanzado los objetivos establecidos inicialmente y ha superado el número de personas beneficiarias previsto. Este hecho pone de manifiesto tanto la calidad del trabajo realizado como la gran necesidad existente de servicios de salud mental en estos entornos. La capacidad de resiliencia demostrada por el equipo de Beit Atfal Assumoud ha sido determinante para mantener los centros operativos en un momento en que muchas estructuras del país han visto reducida o interrumpida su actividad. La comunicación constante entre la Fundación ACSAR y el equipo local ha permitido realizar un seguimiento continuo del proyecto y adaptarlo a las circunstancias cambiantes derivadas de la situación de emergencia.
Otro de los aprendizajes clave ha sido la necesidad de reforzar la formación continua del equipo profesional local para garantizar no solo un servicio de calidad, sino también la sostenibilidad del conocimiento generado. Consolidar un equipo especializado con capacidad de transmitir competencias y metodologías es fundamental para asegurar la continuidad del impacto a medio y largo plazo. A pesar de los avances alcanzados, aún es necesario profundizar en este proceso para que las profesionales formadas puedan convertirse en referentes y formadoras de futuras generaciones, integrando la capacitación permanente como un eje estructural de las intervenciones.
La crisis vivida durante 2024 también ha evidenciado los límites de la coordinación institucional en contextos de emergencia. El Ministerio de Sanidad libanés, con quien la entidad local mantiene acuerdos de colaboración, ha tenido que priorizar otros frentes derivados del conflicto, lo que ha reducido su capacidad de implicación en el proyecto. No obstante, esta dificultad se ha convertido en una oportunidad para reforzar las alianzas con otras organizaciones de la sociedad civil y con redes locales, ampliando los espacios de coordinación y derivación de casos. La colaboración con otros actores para el tratamiento de situaciones específicas ha resultado incluso más ágil y productiva de lo previsto inicialmente.
Los comités de familias han tenido un papel especialmente relevante en este proceso, consolidándose como redes sólidas de apoyo a la infancia y estableciendo vínculos con otros comités de distintos centros del país. En un contexto de grave crisis sociosanitaria, estas estructuras comunitarias han demostrado una gran capacidad de organización y de respuesta colectiva, reforzando la cohesión social y la protección de la infancia.
A pesar de los resultados alcanzados, el proyecto también ha puesto de manifiesto que aún estamos lejos de una situación ideal. Las necesidades en materia de salud mental siguen siendo elevadas y las condiciones de vida en los campos continúan marcadas por la precariedad estructural. Este proyecto ha representado un paso firme en la defensa y el ejercicio del derecho a la salud mental de la población refugiada, especialmente de la infancia, pero los desafíos existentes exigen un compromiso sostenido y una mejora constante de las estrategias de intervención. Es necesario seguir trabajando desde una perspectiva interdisciplinar que integre los factores sociales, familiares y emocionales que inciden en la calidad de vida, ampliando la cobertura y reforzando los ámbitos donde el apoyo es más urgente.
Desde la Fundación ACSAR y en acuerdo con Beit Atfal Assumoud, se reafirma que la cooperación internacional sigue siendo un pilar esencial para garantizar el acceso a derechos básicos en contextos como el del norte del Líbano. Es a través de estas alianzas que pueden alcanzarse avances reales en la defensa de los derechos humanos y de los derechos de la infancia en entornos de desplazamiento forzado. El proyecto desarrollado durante 2024 ha demostrado que, incluso en escenarios marcados por la guerra y la inestabilidad, es posible generar impactos significativos si se trabaja desde la proximidad comunitaria, la profesionalidad y el compromiso con la dignidad y los derechos de las personas refugiadas.
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