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Desde ACSAR creemos que es una temática de relevancia que debe explorarse y ponerse sobre la mesa en el contexto actual de debate interno en los movimientos feministas. La situación de las mujeres migrantes es altamente compleja, en una realidad en la que se enfrentan a diferentes formas de discriminación: por su género, su situación administrativa, su situación socioeconómica y por los distintos tipos de violencia que pueden haber sufrido en su proceso migratorio o previamente a su llegada.
Por ello, el 16 de mayo se organizó una jornada sobre las violencias machistas en torno a las experiencias de mujeres migrantes. El acto se dividió en dos mesas redondas. En la primera se reflexionó sobre el propio hecho de ser mujer en el contexto migratorio y de solicitud de protección internacional, con el objetivo de explorar las violencias que reciben las mujeres migrantes y solicitantes de refugio en el proceso de migrar. En la segunda mesa redonda se debatió sobre las violencias que reciben diariamente las mujeres migrantes una vez han llegado al país de acogida, teniendo en cuenta todos los tipos de violencia a los que se enfrentan.
Algunas de las reflexiones de la jornada fueron las siguientes:
Las mujeres migrantes, al llegar, a menudo se encuentran desprovistas de redes de confianza consolidadas. En este contexto, redes como los sindicatos y los grupos de mujeres adquieren una gran relevancia, ofreciendo relaciones renovadas de confianza y apoyo en su trayectoria migratoria. Es esencial reconocer que la salud mental de las mujeres migrantes suele estar desatendida, con pocas ayudas disponibles. Esto se debe a múltiples factores de vulnerabilidad, como la inestabilidad administrativa, la precariedad laboral y la dependencia económica, que merman su autonomía personal.
Es crucial comprender que la violencia machista es un fenómeno global que no se limita a las mujeres migrantes. Las dificultades de acceso a formaciones y otros servicios también son notables, ya que las ofertas disponibles no se ajustan a la realidad migratoria, ignorando costes y horarios.
En Cataluña y España, la demanda de mujeres migrantes para trabajos de cuidados y empleo doméstico es alta, mientras que la trata de personas con fines de explotación laboral o sexual es una expresión de la violencia machista, agravando las desigualdades de género.
La migración, con demasiada frecuencia, se percibe únicamente como un fenómeno económico, invisibilizando otras formas de violencia. La violencia institucional es un factor persistente en los procesos migratorios, con leyes de extranjería problemáticas que perpetúan condiciones estructurales de racismo. En el análisis de la realidad de las mujeres migrantes, es imprescindible atender a estas condiciones y denominarlas también como violencia.
Además, es urgente desvincular la imagen de las mujeres migrantes como simples víctimas a ser rescatadas, situando el foco en las dinámicas de racismo y las interacciones culturales en el país de destino. Este cambio de paradigma es necesario para abordar eficazmente los retos que afrontan las mujeres migrantes y para construir una sociedad más justa y equitativa para todas las personas.
